¿Cómo empezó todo?







Hola, soy Noe

En el año 2011 empecé a experimentar muchos cambios en mi vida, empecé a experimentar miedos, ansiedades y en una búsqueda de bienestar, di en una persona que, para apaciguar estas sensaciones y malestares comenzó a acompañar mi proceso, enseñándome a meditar y practicar Tai Chi. Tenía apenas 18 años y mi vida estaba transformándose radicalmente, como así también mis vínculos. O, a decir verdad esto me empezó a pasar como consecuencia de todo lo que estaba enfrentando.

Pasé momentos de mucha oscuridad en este camino de crecimiento personal, tratando de aceptar todo lo que me costaba de mi misma. Cuando comenzamos estos viajes en profundidad, empezamos a ver el lado B de nosotros y, por lo general muchas personas huyen. Es normal, lo comprendo, yo también lo hubiese hecho de no ser porque sentí que ya estaba en el medio del  viaje y me ganó la confianza de que iba a estar mejor o el terror de volver al estilo de vida que venía llevando, vacío y sintiéndome parte de ningún lugar. 

Me empecé a fascinar bastante por todo aquello que tuviera que ver con la filosofía oriental. Casi al mismo tiempo, dejé una carrera universitaria y me adentré en el teatro, algo que había postergado durante mucho tiempo. Y, en una clase de expresión corporal, un profesor nos hizo hacer muchos saludos al sol para entrar en calor. De por sí, ya me había llamado mucho la atención su destreza corporal, pero luego de esas secuencias hechas, sentí el cuerpo fantástico y decidí que quería profundizar. Al poco tiempo, me anoté en una escuela de yoga dos veces por semana. No tenia idea de estilos de yoga, solo iba a las clases y disfrutaba muchísimo no solo de la práctica, sino también de las personas que asistían y el ambiente. De a poco también fui profundizando en técnicas de meditación y, así, conforme pasaron los años empecé a darme cuenta del impacto positivo que todo esto fue teniendo en mi vida.

Al principio pasaba algunos períodos sin hacer práctica de asanas en yoga, y fue donde comencé a darme cuenta que el cuerpo me lo pedía a gritos, entonces volvía. Ya para mis 23 años asistía habitualmente a una escuela con una profesora que me inspiraba muchísimo. Fue a partir de ahí que comencé a sentir curiosidad por formarme como profe. La admiraba profundamente porque salía de sus clases flotando. Sentía que me tenía mucho cariño, se preocupaba por mi y me regaló un libro que definitivamente marcó mi posterioridad. 

En el año 2015 entré en la Universidad Nacional de Las Artes para formarme como Lic en Artes Dramáticas, había finalizado recientemente la formación como actriz en Andamio 90. Todo, todo, me llevaba a investigar el cuerpo una y otra vez. En la UNA di con un profesor que nos enseñaba bioenergética y quedé deslumbrada. Sin dudas el lenguaje corporal era una debilidad para mi. Siempre lo había sido.

En el 2017 comencé mi primera formación como Instructora de Yoga y Ayurveda y posteriormente como Profesora de Yoga Integral. De este profesorado, honestamente no tengo los mejores recuerdos, pero sí aprendí mucho sobre anatomía, biomecánica, filosofía del yoga y me llevé un par de vínculos muy lindos. 

Mi vida transcurría entre trabajo, facultad y mi primer escuela de yoga. Obviamente en este camino se suscitaron muchísimas cosas que fueron haciéndome crecer, no solo con un acompañamiento de crecimiento personal, sino también a base de experiencia. 

En el 2018 empecé Ashtanga Vinyasa Yoga y eso marcaría un poco el destino de todo lo que vendría después. No solo porque esta se convertiría en mi práctica personal, sino porque me hizo conocer un mundo nuevo, lleno de personas maravillosas y también de egos. 

Aquí conocí a quienes se convertirían en mis socios y colegas. Además, empecé mi tercer profesorado de la mano de Juampi, un profe que llevaré siempre en mi corazón, porque me acompañó en un momento complejo de mi vida, de mucha emocionalidad, muy a flor de piel y su formación en ese momento era un escape lleno de amorosidad para mi. Cuando descubrí que la calidad de su escucha para acompañarnos era inmensa, entendí qué era lo realmente importante a cultivar como profe de Yoga. En una charla reflexiva me hizo comprender muchísimo más que muchas prácticas y teorías sobre el yoga.

Pero, la verdadera transformación en mi vida, se la debo a la persona que me salvó en 2011. Allá y entonces cuando estaba totalmente perdida, dolida, dañada, descreída de mi. Esa persona que al día de hoy es mi gran guía y que me enseñó muchísimo sobre algo que pocas veces aprendemos realmente, la vida. Me enseñó a recoger todos mis trozos y armarme acompañándome con calidez y paciencia. 

Cuando sentís un vacío muy grande en tu vida, podes llenarlo con muchas cosas externas. Incluso con miles de cursos de mindfulness, meditación, yoga, actividades a montones. Pero si no logras llenar ese vacío desde tu interior, todo sigue siendo superficial y a la larga no tendrá la solidez necesaria para sostenerse genuinamente. 

Mi camino tuvo mucho más de incertidumbre que de certezas. He llegado a sentirme completamente perdida. Perteneciendo ni acá ni allá... 

Aprendí a refugiarme en mi misma aunque eso costara muchísimo, porque sabía que nutrirme era la única manera de salir adelante. Me refugié en el arte, el teatro, la pintura, la escritura, la música, el teatro. Me refugié en quienes me sostuvieron incondicionalmente.

Y aquí estoy.. sigo aprendiendo, pero se que tengo un lugar interno que es refugio y al que puedo regresar siempre que lo necesite. De eso se trata cuando hablo de llenar el vacío de nosotros mismos y no de cosas externas. De ser auténticos en nuestra vida, siendo inspirados por otros, claro. Somos una red que puede sostenerse, pero primero hay que sostenernos a nosotros mismos. Puede sonar egoísta, pero si no fortaleces tu persona primero, no tendrás la suficiente fuerza para sostener a alguien más. 

Brindo por el camino de la incertidumbre. Porque sin saber exacto hacia donde vamos, abrimos la oportunidad de que todo llegue.

Con amor;

noe

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